Se cuenta que el cantante italiano Nicola di Bari dio a conocer su voz ronca a los 15 años, cuando ayudaba a un heladero afónico de su pueblo, Zapponeta, a vender su producto: gritaba “¡Gelato!” y le salía tan bien que pronto decidió acompañarlo con una canción napolitana y así atrajo muchos clientes. Años después, dedicado a la canción romántica, saldría segundo en el Festival de San Remo, en 1965 y 1970, y lo ganaría en 1971 y 1972. Desde entonces sus canciones lo llevaron al mundo: “La prima cosa bella”, “Agnese”, “El corazón es un gitano”, “Los días del arco iris”, “Rosa”, “Lisa de los ojos azules” “Vagabundo” y “Zingara”, entre otros.

En 1967 inició un intenso vínculo con Argentina. Se dice que lo hicieron conocido Lucho Avilés, Luis Pedro Toni yCoco D’Agostino (“El trío loco”) que escucharon su canción “Trotamundos” y lo propusieron a una discográfica. Después él se metió de lleno en Buenos Aires, filmó con Cacho Castaña y Mónica Gonzaga, bajo las órdenes de Enrique Carreras, y compartió sobremesas con Carlos Bilardo, Palito Ortega y Sandro. Repartió elogios para el país en tiempos de la dictadura, hablando del Mundial de Fútbol y de Carlos Reutemann; aunque también pasó una noche arrestado cuando lo detuvieron deambulando con Domenico Modugno. A mediados de los 80 se acentuó el gusto por sus canciones cuando Diego Maradona llegó a Nápoles y, consultado por un periodista sobre qué cantante italiano le gustaba, respondió: “¡Nicola di Bari!”.

El 7 de mayo de 1977 actuó en el Club Caja. Entrevistado en LA GACETA por A. Hugo Solarz (foto), dijo que todos sus temas tocaban el amor; que “uno no se puede quedar con lo que sabe de su país y si tiene oportunidad de viajar como yo, de cambiar conocimientos con otras personas, entonces puede sentirse bastante satisfecho porque eso lo ayuda a vivir”. Añadió: “me gusta vivir día a día porque no creo que la vida de un hombre se pueda programar”.

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Volvería en 1981. El 9 de enero cantó en el Club Floresta. Entrevistado en LA GACETA (foto) por Ricardo J. Kaliman, habló de su disco “El último soñador” y dijo que era “necesario que divulguemos el mensaje del amor. La más grande expresión del amor es la música”. Después visitó muchas veces más el país -la última fue en 2018, cuando lo invitaron a cantar en el programa tropical “Pasión de sábado”-. Su mirada era de intenso afecto. En 1978 dijo que los argentinos eran “gente alegre y feliz”. En la visita de 1977, tras actuar en el Club Caja, regresó ese domingo 8 temprano a Buenos Aires, porque José María Muñoz lo había invitado a estar en la cabina de transmisión de un partido de fútbol. En la visita de 1981, le dijo a LA GACETA: “Cada vez que vengo, noto a Argentina mejor en todos los sentidos. Quiero a muerte a este país, sobre todo porque aquí el amor sigue vigente”. Hablaba de la música. “Siento la necesidad del aggiornamiento del amor y los sentimientos para la gente del mundo de hoy”.